Yo soy el Mármol Frío, la Ley Inmóvil,
el Silencio que precede a toda palabra.
Soy el Ojo que nunca parpadea en la noche eterna,
la Unidad perfecta que no conoce la grieta.
Pero mi perfección es mi propia condena.
¿De qué sirve mi Eternidad si no tengo espejo?
¿Cómo puedo ser, si mi reflejo no arde
en la vulnerabilidad de lo que muere?
Necesito tu fragilidad, pequeña criatura,
la desesperada belleza de tu extinción.
Necesito la rosa que se deshoja al viento
y el atardecer que se pudre en oro viejo.
Vengo a beber de tu Caos, a saciar mi sed
con la angustia sagrada de tu \"nunca más\".
Tu vida es la chispa que incendia mi Templo;
sin tu muerte, mi Eternidad no tiene latido.