Entre tus ojos y el mar
hay una complicidad infinita.
Entre ellos se pasan los horizontes,
se prestan la lejanía.
Por ellos aprendí a mirarte lejana,
y a nombrar cada ausencia
como se nombra una isla.
Todo en vos es oceánico.
Criatura de sal.
En vos todo se mueve
como una marea dolorosa.
Y sin embargo, no te caben
los naufragios en los ojos
ni llegan los restos a tu costa.
Mar que no fue mío ni de nadie.
Así te quise, y tal vez te quiero.
Te dejo ir sin que te vayas del todo,
como se van los crepúsculos
entre las olas y el cielo.