Arde furioso el infierno
y las cenizas silencian los ríos,
el cambio climático
solo necesitaba tiempo.
Una cesta de limones,
las uñas afiladas
y un intento diplomático
son un canto de grillos
si en el invernadero
se encarcela al sol.
Fue la noche de sal
y la angustia del fuego
cuando los políticos
perdieron el ritmo y la letra,
nos dejaron sin herencia
y cayeron con el poco equipaje
de la putrefacción.