Está en blanco, esperando tus versos;
aguarda tus secretas confesiones,
confidente que no entiende de traiciones,
sólo escucha tus risas o lamentos.
Refleja en la pena dulce belleza;
te sonríe cuando siente alegría,
comprende la angustia y la melancolía
y es testigo de tu anterior torpeza.
Te confieso hoy mi dicha completa;
guárdala como un preciado tesoro,
cuídala para el humilde poeta.
Aunque admito que, a veces añoro
el consuelo de un abrazo que aprieta
y me cubre de amor mientras lloro.