José Luis Barrientos León

Primer poema de la ausencia (Para mi hijo Dario)

 

Si mañana soy solo la ausencia que ocupa mi cuerpo,

no permitas que las leyes de tu universo se quiebren.

El mundo sigue su curso ajeno a nuestro destino,

y la tierra que pisamos no sabe de nostalgias.

 

Cuando el silencio sea un huésped en tu casa,

toma los fragmentos del tiempo que fuimos

y míralos sin la prisa del que desespera,

existir juntos fue una forma de ser eternos.

 

Si la noche dilata sus sombras en tu vigilia

y el llanto desciende sin ruido, como la lluvia,

no busques mi sombra en el vacío de la estancia.

Di mi nombre en la quietud de tus oraciones,

no como un ruego por el mármol del que descansa,

sino como el eco vivo de un viento que aún te acompaña.

 

El dolor es un exceso que el alma no necesita.

No gastes los días, tu vida, midiendo mi ausencia,

pues la vida exige ser vivida bajo el sol que aún brilla.

Prefiero saber que tu rostro conserva la sonrisa,

sabiendo que, aunque ya no habite en tus días,

cumplí mi oficio de estar en tu latido