La soledad ya no me estorba.
La reconozco como mía.
Ella ya no me habita;
ahora yo vivo en ella.
Ella me quiere soltar,
y yo aún no puedo caminar sin ella.
Me acostumbré a tomar el café en su presencia
y a vivir mientras ella me observa.
Ella es más que una amiga;
es mi fiel compañera.
No hicimos ningún juramento,
pero siento como si fuera a morir con ella.