Crisbel Ferrer

Mi soledad como costumbre

La soledad ya no me estorba.

 

La reconozco como mía.

 

Ella ya no me habita;

ahora yo vivo en ella.

 

Ella me quiere soltar,

y yo aún no puedo caminar sin ella.

 

Me acostumbré a tomar el café en su presencia

y a vivir mientras ella me observa.

 

Ella es más que una amiga;

es mi fiel compañera.

 

No hicimos ningún juramento,

pero siento como si fuera a morir con ella.