No me pidas que te regale mis días,
porque no puedo.
Ni mis noches,
y no porque no quiera.
Ni siquiera una flor me pidas,
pues ¿quién soy yo para arrancar la belleza
de un ser
que solo existe para ser admirado,
y entregártela
como símbolo de deseo?
¿Sería acaso un asesino?
Prefiero no descubrirlo.
Después de todo...
eres más bella que ella.
No me pidas tiempo,
pues es lo menos que poseo.
A decir verdad,
no poseo absolutamente nada.
El mundo podrá arrebatarme la voz,
arrancarme con sus sucias manos
los ojos de sus cuencas.
Los días,
las ganas de vivir.
Las noches,
las ganas de soñar.
Y la muerte,
lo que queda de vida.
Sin embargo,
hay algo
que jamás el mundo,
ni nadie,
podrá quitarme.
Mis cicatrices.
Las llevo en la piel
y en el alma.
Cada una guarda una historia.
Y hoy,
sin pedir nada a cambio,
te las regalo.