El Lenguaje Secreto de las Cosas
Nos regala la poesía un don muy particular:
aprender a mirar,
donde el ojo común solo ve lo que está.
Nos enseña a sentir
el pulso escondido, el latir
de lo que parece quieto, callado, fugaz.
En la gota de rocío que tiembla al nacer,
ve un mundo entero en su esfera de cristal.
En la hoja que cae, en su lento caer,
descubre un adiós, un ciclo, un ritual.
En la grieta del muro, en la piedra olvidada,
encuentra una historia, una antigua morada.
En la risa de un niño, en su libre cantar,
descubre la pureza que un día supimos guardar.
La poesía es la llave, la voz que nos guía,
a ese reino sutil de la melancolía
y la dicha pequeña, la magia del instante,
que en la vida cotidiana se vuelve constante.
Nos abre los ojos a un cielo distinto,
donde las estrellas no son solo un punto.
Son sueños que brillan, promesas al viento,
el eco profundo de nuestro lamento.
Así, con sus versos, su ritmo, su calma,
la poesía susurra, nos toca el alma.
Y nos enseña a ver, en lo simple y pequeño,
la inmensa belleza, nuestro más hondo sueño.
Noah Subin