JUSTO ALDÚ

EDUARDO GALEANO: EL HOMBRE QUE ESCUCHABA AL MUNDO

Hablar de Eduardo Galeano es hablar de un escritor que hizo de la memoria un territorio vivo. Su obra, siempre atenta a las voces olvidadas, convirtió la historia en un relato donde los protagonistas ya no eran únicamente los grandes héroes, sino también los hombres y mujeres anónimos que sostienen el mundo con sus luchas, sus sueños y sus derrotas.

En El cazador de historias, publicado de manera póstuma, Galeano reúne recuerdos, anécdotas, reflexiones y pequeñas escenas que revelan, una vez más, su extraordinaria capacidad para encontrar lo universal en los detalles más sencillos. El libro no pretende ser una despedida solemne, sino una celebración de la vida, de la palabra y de la infinita riqueza de las historias humanas. Cada página parece confirmar que el verdadero oficio del escritor consiste en escuchar antes que hablar.

Quienes tuvieron la fortuna de cruzarse con Galeano suelen recordar un rasgo que no siempre aparece en las biografías: su cercanía. Era frecuente verlo caminando por las calles, sentado en un café, recorriendo una feria del libro o compartiendo con la gente sin protocolos ni distancias. Saludaba con naturalidad, conversaba con quien se le acercara y ofrecía una atención sincera, como si cada encuentro fuese una historia digna de ser escuchada. Esa humildad cotidiana era coherente con la ética que atraviesa toda su obra: reconocer la dignidad de cada persona.

Quizá por eso El cazador de historias conmueve de una manera especial. No solo permite reencontrarse con la belleza de su prosa breve y luminosa, sino también con el hombre detrás del escritor: alguien que comprendía que las grandes historias nacen, casi siempre, de un saludo, de una conversación inesperada o de un instante compartido.

Leer a Galeano es descubrir que la literatura puede ser, al mismo tiempo, memoria, poesía, denuncia y esperanza. Y leer El cazador de historias es escuchar, por última vez, la voz serena de un autor que nunca dejó de mirar el mundo con curiosidad, ternura y profundo respeto por los demás.

Eduardo Galeano sorprendió a muchos cuando, en 2014, durante un encuentro en Brasil, afirmó que ya no sería capaz de releer Las venas abiertas de América Latina porque le resultaría pesado. Dijo, en esencia, que cuando escribió ese libro no tenía la formación suficiente en economía y política que creía necesaria y que la prosa de la obra le parecía \"pesadísima\".

Sin embargo, esas declaraciones fueron interpretadas por algunos como una retractación de las ideas del libro, y Galeano aclaró posteriormente que no se había arrepentido de su contenido político, sino que estaba siendo autocrítico con el libro como obra de juventud y con su estilo de escritura. Explicó que sus palabras habían sido sacadas de contexto y que no renegaba de las causas que habían inspirado aquella obra.

En otras palabras:

Expresó una crítica hacia el libro, especialmente por su estilo y por las limitaciones de sus conocimientos cuando lo escribió.

No dijo que las denuncias sobre la explotación histórica de América Latina fueran falsas ni que se arrepintiera de haberlas planteado. Más bien señaló que, con los años, las habría escrito de otra manera.

Esa distinción es importante porque el debate público simplificó sus palabras. Galeano fue muy crítico con su propia escritura juvenil, pero nunca realizó una retractación completa de las convicciones éticas y políticas que dieron origen a Las venas abiertas de América Latina.

Galeano jamás dejará de ser un referente de la literatura latinoamericana y mundial.

 

JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026