Ocaso
Réquiem para un Ocaso
Las horas son cifras frías en un monitor,
miden lo que queda aunque lo niego.
Se acerca, sin pausa, sin prisa, el final,
dejando atrás una vida, tantos días.
El adiós, solemne en piedra labrado,
los años de cuidado, esculpidos en vano,
en la espesura, sin sendero, quedaron,
rotos, abandonados.
La música será el silencio eterno:
un réquiem de lágrimas de ceniza,
sollozos que se ahogan antes de nacer.
El lugar de eterno reposo será de laca negra,
con flores marchitas y nacaradas,
espinas de plata opaca, ya heladas,
cubriendo con su nada la velada.
Viví más en el umbral de este adiós
que en los años que llegaron antes,
donde el amor era ajena palabra,
apenas eco de frases vacías.
El pulso se acelera con más fuerza en la última cuenta
que en la suma de todos los latidos de la vida;
cada pulso, recordatorio de la cercana cita,
la vida se va como se apaga una brasa,
donde la última exhalación será la libertad
y el corazón, al fin, dejará de tropezar.
David Gerardo