Ya no sé si me sigo perteneciendo.
Desde que te conozco, ya no hay nada que me llene más que estar a tu lado.
Te ruego que te hagas cargo de este sentimiento de dependencia que me generaste, porque ya ni siquiera siento que mi cuerpo sea mío.
Mis manos solo sirven para tomar las tuyas.
Mi boca, para rozar tus labios.
Mis ojos ya no quieren ver a nadie, a menos que se trate de usted.
Pasas tanto tiempo en mi cabeza
que me pregunto si mi mente sigue siendo mía.
Mis pies solo sirven para seguirte.
Mis oídos, para escucharte.
Quiero que seas tan mía
que nadie se atreva a tocarte.
Y ahora sé
que hasta mi último suspiro
te pertenece.