En las distancias interiores
de la duda existencial,
donde el alma se sitúa
en empinadas angustias
de los lugares comunes incinerados
en el naufragio de los versos idos.
Cuando las siglas
de lo que sabemos
se esfuman en las nociones
atópicas del devenir
quemando los ídolos cotidianos
y llevándose los cuerpos mudos
entre las olas revueltas
de un mar cercano
a los ojos del silencio.
Allí,
en las estrechas puertas
donde está atrapada la memoria
de los primeros hombres
y gotean los momentos idos
sin la permanencia de la historia
que recrea las osamentas
de los que vivieron
absorbiendo tierra y gusanos
en los templados climas de la calma.
La duda
es un sólo movimiento
que espera la luz del oriente
derramada en amaneceres
para vencer los horizontes oscuros
que depara este invierno.