Hay días en que la tierra
no dice una sola cosa.
No canta el río en la piedra,
ni se mueve la mariposa.
El campesino se sienta
a escuchar aquel silencio.
Y comprende que la tierra
también descansa por dentro.
Porque hasta el silencio enseña
cuando se sabe escuchar.
Y a veces, para entenderla,
hay que dejarla callar.
Emiliodr/Julio 23/25