La sangre suena en el reloj
y golpea el tiempo con latidos
fuertes y profundos
la sustancia
del amor
que siento.
Transfusiones de nada
es la angustia.
El universo entero es el dios
que acoge mi plegaria
para pedirte perdón
por la palabra injusta.
La sangre contrita me abate
y me llena los ojos de vergüenza.
Quisiera arrancarme el corazón del pecho
para alcanzar la rosa, amor, la rosa,
mientras me alejo a la sombra cubierto de ceniza.
Si los demonios me buscan por el yermo vital
de la existencia,
en tu mano está espantarlos
y solo tu mano
puede enjugar
mis lágrimas.
En tu corazón blancoazulado
habita la paz,
amor, mi paz
y se esconde el lugar ameno
del descanso para respirar
con tu aliento y con tu boca.
Esa es ya solo mi existencia,
mi vida eterna,
la sangre que suena en los relojes.