En su melena, Yolanda
tiene una rosa prendida
y entre sus manos la vida
que su bravura demanda.
Nadie en su espíritu manda,
es libre su voluntad.
Su bagaje es la verdad
que lleva como bandera
y su energía la escalera
que sube con libertad.
Es su cabello de seda
una llama que fulgura
y parece una escultura
en la más bella alameda.
Y en su melena se hospeda
el aroma de la oliva.
Una sonrisa expresiva
asoma a sus labios rojos,
y el reflejo de sus ojos
a quien la mira cautiva.
No tendría tanta sal
de haber nacido en Sevilla
y por donde pasa brilla,
con su garbo natural.
Monumento universal,
diseño del mismo cielo.
Se están batiendo en un duelo
la Giralda y su veleta,
porque envidian su silueta
y los rizos de su pelo.