Círculos.
Callejones nocturnos, tétricos lugares,
vagando sin posibilidad entre ellos,
conmiseración ante la mancillada visibilidad.
Líneas rectas sin existencia,
desesperante sensación;
círculos girando sin cesar.
¡Oh, destino, la corona dentada!
cada diente tritura el cráneo del tiempo
aún pensando: todo saldrá bien.
¿Y si no es así?
¿Cada individuo elige su destino?
Las odaliscas de hierro son paridas por el vientre de la noche.
Las navajas se ciernen sobre él,
escurriendo lentamente la sangre a la tierra,
quebrando las fronteras, donde los árboles beben memorias enterradas.
No solo el mundo gira,
sino que cuando la luz del Sol y la Luna
la hacen consciente,
se vuelve algo tremendamente diferente,
un carrusel de mercurio donde baila nuestra alma.
Ante la ausencia de comprensión,
lo existente desaparece irremediablemente,
dejando el bienvenido dolor,
unas botellas con flores,
manchas de sangre que yo solo puedo ver,
transformando el corazón
en los amados y olvidados 120 filos.
Gira, gira en círculos,
el horizonte cose sus párpados con agujas de ceniza.
Cable a tierra, has sido guillotinado;
aunque quiera, ya no estarás.
Vacío, arena pulverizada,
errantes caminan hacia sus propias huellas borradas,
a lo lejos caen mariposas de vidrio.
No es posible dar protección
con solo extender las manos;
la supremacía para destruir
un funesto destino.
¿Tal vez se logre blandiendo la espada o ser uno mismo al daño y desconcierto?
¿Resignación?
Toda historia a veces vuelve,
alimentando serpientes con sus antiguas heridas,
mientras la misma puerta se abre una y otra vez.
Las mareas incuban cuervos bajo la lengua del ocaso;
¿La historia se repite o son líneas que siempre van hacia adelante?
¿O es un círculo que desuella los siglos?
¿Qué desearíamos: tratar de salir de él o resignarnos a lo que nos tiene deparado?
Huir es una ilusión: hasta los eclipses regresan,
el último cadáver continúa respirando dentro del primer espejo.
Confianza, el mayor y último círculo,
elección del destino primario;
transgredirlo sin reflexionar hará que sea cercenada de raíz.
Para ello se usan los 120 filos;
todos desembocan en la misma liberación.
Cesación;
Tenemos miedo porque no queremos sufrir,
por huir de esa amarga disciplina,
se somete la existencia a un sedante,
prefiriendo un engaño deslumbrante,
por ello están las espadas.
Sin remordimientos,
se cortan los círculos.
Entre la niebla y la locura
se logra el entendimiento;
todo congelado
muere para vivir.
xElthan.