💬 Unas palabras sobre este poema…
Este poema nació una tarde cualquiera, mientras observaba a mi esposa lavar los platos.
De pronto me hice una pregunta que, tarde o temprano, todos evitamos: ¿qué pasaría si un día ella ya no estuviera… o si el que faltara fuera yo?
Pensé en esas pequeñas rutinas que parecen insignificantes hasta que la ausencia las convierte en recuerdos: una taza, una silla, una alarma que ya no tiene sentido, una luz que alguien deja encendida por costumbre.
Fue entonces cuando entendí que el verdadero vacío no siempre empieza en los grandes acontecimientos, sino en los gestos más sencillos de cada día.
Conociéndome, sé que me costaría profundamente aprender a vivir sin ella. Por eso, si la vida tuviera que elegir primero, desearía ser yo quien partiera antes. No porque tema a la muerte, sino porque me cuesta imaginar una existencia donde su risa, su voz y nuestra rutina ya no estén.
Este poema no habla únicamente de la pérdida. Habla del privilegio de compartir el presente con quien amamos. Es una invitación a abrazar más, a discutir menos, a decir \"te amo\" sin dejarlo para mañana y a valorar esas pequeñas costumbres que un día podrían convertirse en los recuerdos más valiosos.
Un abrazo.
— Wcelogan ☕❤️
El que se queda
\"Quien ama, siempre corre el riesgo de quedarse con la taza vacía.\"
— Wcelogan
Uno lava las tazas.
El otro silba desde el baño.
Uno barre migas de pan.
El otro riega la albahaca
y le quita hojas de rutina
para que no crezca cotidiana.
Ambos creen
que el \"siempre\" es una calle sin final.
Pero un día,
uno se irá a comprar silencio
y no volverá de su cita ineludible.
Quedará una silla con nombre,
una toalla sin turno,
el lado frío de la cama
y dos cucharas que ya no se chocan
en el lavaplatos.
Uno pondrá la alarma
aunque ya no tenga a quién despertar,
y dejará encendida la luz del pasillo
por costumbre…
o para recordar
en vez de llorar.
Uno será el que se queda:
con la media sin par,
con los audios que no borra,
con la lista del súper en la heladera,
con los \"no te olvides\" que ya no se dicen
y el te amo subrayado en rojo
en papelitos olvidados.
Lavará la taza del otro
aunque ya no haya labios que la busquen.
Revisará el celular
como si aún pudiera vibrar con tu nombre,
como si esa agitación
fuera todavía emoción.
Hablará con las fotos,
cocinará por costumbre
y servirá la mesa como si esperara.
Y se reirá solo,
al encontrar en el cajón del desorden
un encendedor que nunca funcionó,
pero que jurabas era \"de la suerte\".
Será quien no dijo todo,
quien pospuso abrazos
por lavar los platos.
Quien creyó
que el amor era eterno
y no urgente…
bendita ausencia que no avisa.
Buscará
tus pasos en los mosaicos,
tu perfume en la almohada,
tu voz en la tostadora.
Solo queda
la risa que se fugó contigo,
el llanto que se quedó sin testigo,
un par de sandalias olvidadas
junto al mueble de la entrada
y ese arte de hacer reír.
Así que, mientras estén:
rían como si el día tuviera remiendos,
bésense aunque no tengan ganas,
discútanse sin romperse,
perdónense sin manual,
y dejen que el orgullo
duerma en el sofá.
Hagan el amor con las luces encendidas,
abrácense hasta que se rompan las penas,
lávense el alma y el cabello,
y escriban tonterías
en la pizarra del refri…
ese usual apodo cariñoso.
Porque alguien será el que se quede.
Y solo tendrá
la taza del otro,
una playlist incompleta,
el vacío que se vuelve inmenso
hoy en el apartamento,
y ese silencio
que se sienta en la mesa
como tercer comensal
que ha llegado sin invitación.