Invoca al cruel cuervo de invierno,
ese, sin luz en las alas;
que despierte estos ojos dormidos
donde me ahogo en la misera nada.
Si alguien abriera mi puerta esta noche,
sería testigo de un cuervo sin plumas,
pidiendo perdón a mis demonios; besando la silla, la madera y el polvo,
como septiembre besa sus hojas impuras.
Tu silla vacía, vigía de invierno,
Aún parece mecer tu ausencia leve.
Leve la muerte, leve el silencio.
Leves los pasos de nuestro tiempo tan breve.