No te propongo olvidar la tormenta,
ni negar las noches que dolieron.
Las cicatrices
también escriben la historia
de quienes eligieron permanecer de pie.
Te propongo algo más difícil:
volver...
Pero no al mismo sitio
donde las palabras se rompían
como vasos contra el suelo.
Volver
como vuelve la lluvia a la tierra,
no para repetir el invierno,
sino para despertar la semilla.
Que el perdón
no sea un puente hacia el ayer,
sino la puerta
de una casa que aún no existe.
Que las manos se encuentren
sin exigirse promesas imposibles;
que aprendan, simplemente,
a sostenerse.
Porque el amor
no fracasa cuando cae.
Fracasa
cuando deja de creer
que puede levantarse distinto.
Y si un día
la esperanza llama despacio
a la puerta del corazón,
que nadie responda con miedo.
Que la reciban
como se recibe la primera luz
después de una larga noche:
sin olvidar la oscuridad,
pero sabiendo
que ya no gobierna el cielo.
Entonces sí...
volver no será regresar.
Será comenzar.