El mundo impone sus falsas gravedades; el brillo del metal que compra desvelos, plomo de culpa adversidad, yugo de amor, arrastra por el suelo y opaca, virtudes y cualidades.
Peso impuesto leyes reciprocas, cargas ajenas que doblan conciencia, mientras la fe se mide en mitos,horas exigentes, en el tonelaje oculto de la resistencia.
Ante el enigma de tanta carga extraña, renuncio a los grilletes que el destino derrama;
Prefiero ser el dueño de mi propia campaña, y fundir el metal que mi soberanía reclama.
No acepto más cadenas de herencia ni de historia, el ruego a gritos por una victoria.
Que decida este mundo, y quiebre mi libertad.
Formo con mis manos el barro mi propia gloria, y si el plomo dobla mis rodillas que no sea la gravedad.
Que sea ¡Por mi propia voluntad!
Pedro Novoa Pavon...