Pastoral en negativo
Un eco sin voz parpadea de roca en roca,
anunciando la llegada
de la primera tormenta estival.
A ras de tierra,
las golondrinas rozan su sombra,
cazando insectos que huyen en busca
de resguardados escondrijos.
Los árboles,
con solo aspirar el aroma de la tierra húmeda,
parecen celebrar la inminencia de la lluvia.
Las inocentes nubes del mediodía
han cambiado sus radiantes blancos juguetones
por amenazantes grises oscuros.
El murmullo de los espigados trigales
se confunde con el repiqueteo
de las primeras gotas.
De repente, un hiriente rayo
deja con su resplandor “en negativo” el paisaje.
El espectador tendrá que esperar,
en la oscuridad de su laboratorio,
a revelar el negativo para escribir su pastoral.