Quiero las lágrimas del firmamento,
para regar la sal de mi desierto;
que firme con su lluvia mi lamento,
sobre la vid que el tiempo dejó yerto.
Que venga un mar vestido de campanas,
a deshojar la sed de mi costado;
que abran los astros húmedas ventanas,
donde duerma el relámpago exiliado.
Mi sombra tiene un árbol de ceniza
que me da cosechas de invisible hielo;
cada hoja una brújula quebradiza
busca un sol naufragado bajo suelo.
He visto al viento remendar la luna
con hilos desprendidos del rocío;
y a la nostalgia, pálida fortuna,
beber su propio espejo en un gran río.
Solicito lágrimas, no consuelo;
quiero sembrar diluvios en mi herida,
porque florece más profundo el cielo
cuando el dolor aprende a dar la vida.
JUSTO ALDÚ © derechos reservados 2026