No supieron ser espinas
la corona que llevabas
y en la frente, derramabas
la sangre por las heridas.
No quisieron ser maderos
la cruz, que dabas la vida
ni los clavos lo quisieron
ni las cuerdas, que tenías.
Nada quiso ser justicia
o verdugo por la muerte
al nacer la luz del día.
Fueron almas que no sienten
las culpables por la envidia
fueron ellas, quien decían
que tu pago era inminente.
Exhalaron tus pulmones
el último soplo de aliento
y cambió, la luz del cielo
por truenos y nubarrones.
Tantos ojos que miraban
se quedaron confundidos
entre dudas y entre rabia
por pecado, cometido.
¡Es verdad de Dios el hijo¡
como tanto predicaba
y al morir, tan solo dijo
padre.. perdona estas almas.
Lloraron maderos y tablas
clavos cuerdas, hasta espinas
porque ellas si sabían
que la injusta muerte daban.
Lloró el cielo por la rabia
y de enfado, sopló el viento
el mundo quedó en silencio
y los hombres se callaron.
Ya no se siente el gemido
ni el crujir de los maderos
ya los clavos están fuera
las espinas, se perdieron.
Una cruz con sangre queda
intentando ser olvido
sin saber, que por los siglos
de cristianos es emblema.
Llorarán el cielo y tierra
por el dolor conseguido
recordando la promesa
que en el último suspiro
a los hombres le dijeras,
padre.. en tus manos
encomiendo mi espíritu
haz conmigo lo que debas.