Dentro de ti,
el tiempo se disuelve
como azúcar en la boca,
y cada segundo es un incendio
que recorre mi piel.
Tus manos, brújulas ciegas,
exploran hasta perderse en la frontera
donde tus latidos y los míos
se confunden como un solo corazón.
Me hundo en el abismo
de tu cuerpo,
en la humedad sagrada
donde la razón se rinde
y sólo queda el instinto,
el deseo latiendo
como un animal salvaje
entre tus piernas.
Dentro de ti,
mi nombre se vuelve suspiro,
y el mundo se reduce
al roce de tus caderas,
al ritmo ancestral
que nos devora.
Nos deshacemos juntos
en el temblor profundo
de la entrega,
y en el silencio después,
aún siento el eco
de tu voz llamándome
desde adentro,
donde quiero quedarme,
donde todo empieza
y todo arde.