Muerde mi pecho en un frío desatado desde lo hondo del mar, hasta la arena
rompen los versos y el letargo llena
mi tiempo en su latir desesperado.
En ese abismo el corazón, varado
deja avanzar la sombra de la pena
porque la parca con su mano drena
suspiros de un amor encadenado.
Su nombre queda en mi memoria y gloria
naufrago y voy con mi dolor cautivo
buscando en mi estoicismo la victoria.
Del sueño eterno que al dolor dio abrigo
mi alma resguarda la postrera historia
recuerdo eterno que me late vivo.
Del mar que ruge en mi dolor cautivo
emerge un pulso que el abismo frena
no queda el alma de la parca llena
si en el naufragio el corazón va vivo.
Aquel latido que marchó errabundo
halló en mi pecho su pilar sagrado
y el frío eterno que me hubo azotado
ya se ha disuelto entre mi mar profundo.
No es la victoria del olvido impuesta
ni la memoria que levanta el vuelo
es su recuerdo entre mi sombra puesta.
Bajo el cobijo de su propio cielo
mi canto estoico encontró la respuesta:
Son sus latidos venciendo el deshielo.
Poetisa antillana Emitza Santana 🇨🇺 🇺🇾