No hay que volver al parque,
en busca de luciérnagas tristes.
Se apagan los faroles
y parece, que el viento
los enciende inmediatamente.
Es la esperanza floreciendo,
aunque la vida no haya saldado
las cuentas conmigo.
Todos necesitamos
un pedazo de soledad pequeña...
para ser los de siempre.
L.G.