Llantos, lágrimas y sollozos, he suspirado y quedado sin aliento.
Las lágrimas se secan en mis mejillas, el roce torpe de mis manos despeina mi cabello; la mirada es vidriosa y el pelo un fiasco.
Párpados hinchados, ojos rojos, la nariz moquea y la boca tiembla.
Mis piernas no soportan mi peso y ceden ante la gravedad, me sostengo, pero no por mucho y caigo al suelo.
Llorar sin hacer ruido, a solas, sin que nadie me vea o me oiga.
Es así siempre, lloro para mí y no viene nadie a mi rescate, lloro, lloro.
Me acompaña mi soledad y mis brazos me abrazan.
Me detengo, recobro la compostura, no puedo dejar que nadie me vea así: agobiada, ansiosa, triste y deprimida.
Así es mi llanto, solitario, silencioso, ahogado, controlado, ignorado.