Y de repente la monotonía se volvió insoportable.
Una lápida por cielo.
Una cama tan vacía, inclusive conmigo en ella.
Los días murieron, sus nombres nunca más fueron pronunciados, ahora solo contamos su aniversario mortuorio.
Los árboles murieron de pie.
Murió asfixiado el canto de los pájaros.
Los colores se apagaron, los rojos, azules, rosas, violetas, verdes, murieron congelados.
Las palabras ya no tenían sentido y el silencio dejó de doler, pues el tiempo se detuvo el día en que te fuiste.
La casa nunca lució tan vacía, ni las rosas tan marchitas, ni mis ojos tan oscuros.
El reloj nunca avanzó tan lento, ni mi cama nunca estuvo tan fría, ni mi pecho nunca tuvo tanto dolor.
Aún escucho mis llantos del día en que te marchaste. Me parte el alma el dolor de aquel hombre que aún podía llorar, rezaré por él.
En el frigorífico una nota, en mis labios una sentencia, en mi corazón una grieta que jamás sanó.
Una promesa jamás cumplida, duele en el alma como una espada que se clava en ella y la congela por la eternidad.
Un nudo en mi garganta me impide pronunciar tu nombre.
\"Volveré pronto\" - desde ese día, pronto es la nueva eternidad, pues a día de hoy no has cumplido tu promesa.
Los años pasan y dejan factura, mi memoria no es la misma de antes. Aún te recuerdo y recuerdo tu promesa.
Te esperaré lo que haga falta.
Te esperaré el siguiente martes a las 4:30 de la tarde