mauro marte

FANTASMAS

 

Esta partida nuestra,

como el susurro de la brisa de la tarde,

va tejiendo su propia despedida.

 

Un alejamiento imperceptible, silencioso,

como el polvo que se va acumulando,

día tras día, en la mesita de noche.

 

Las miradas van perdiendo el brillo

y ya no alumbran al otro en la penumbra;

se vuelven faros apagados,

testigos de una inmensa soledad.

 

El beso, ahora indiferente, apenas roza la mejilla

y se queda en la superficie, ya no traspasa la piel.

 

Somos dos fantasmas ocupando el mismo lugar,

sombras cansadas sentadas en la misma mesa.

Nos habita un invierno de palabras, una lejanía de almas...

este frío y desierto rincón donde ya no habita el amor.