Dices tú que son tan solo fantasías
las que alimentan a diario mi memoria;
pero tú fuiste la luz de aquellos días,
la página más hermosa de mi historia.
Sé muy bien que hoy ya eres ajena,
que otro destino abrazó tu hermosa vida;
pero ni el tiempo ni condena alguna
podrán borrar nuestra historia compartida.
Fui marino que zarpó de mil puertos,
buscando siempre un rumbo diferente;
pero mis sueños aún siguen abiertos,
porque siempre apareces en mi mente.
Por ser ajena no volveré a turbar tu calma
ni haré tambalear todo lo que has vivido;
guardaré tu amor en lo profundo del alma,
y seguirás siendo mi puerto más querido.
Si alguna vez el alba te trae mi recuerdo,
no dejes que la pena haga sangrar la herida;
yo guardaré en silencio lo que aún no pierdo:
pues haberte amado fue la dicha de mi vida.
Yo seguiré mi camino y, si algún día el destino,
haga que el viento pronuncie de nuevo tu nombre,
entonces sonreiré en silencio y bajo la luna,
agradeceré a Dios haberte amado como hombre.