Un ramo de flores en honor a los besos que murieron cada día en tu memoria.
Vienen de un jardín que no tocamos, donde la tierra es húmeda de olvido y las raíces mueren antes de ser sombra.
Míralas bien: no se marchitan, nacen ya secas, acostumbradas al frío, como si el recuerdo fuera un sótano donde el agua se pudre y el sol es un mito.
Ahí los dejas, en el vaso de la noche, mientras los besos vuelven a morir, puntuales, al fondo de tus ojos.
m.c.d.r