Enmascaradodelapoesia

La Dama que Enciende la Carne

Ella es una dama envuelta en seda que se pega a su cuerpo,

donde cada curva se adivina, se tienta, se pide,

y sus miradas… no solo queman: acarician tu piel a distancia,

desnudan tus ganas antes de que te acerques un paso.

 

Su risa es veneno dulce que se derrite en la boca,

sabe a piel caliente, a sudor, a lo prohibido,

y su voz… un susurro que roza tu nuca,

que desata huracanes de deseo en la sangre,

que hace temblar cada músculo, cada latido.

 

No camina: se desliza lenta, como el deseo hecho carne y suspiro,

con la gracia de quien conoce cada rincón de tu hambre,

sabe que ya te posee, que ya te perteneces,

antes de que sus dedos rocen tu mano,

antes de que sus labios rocen tu cuello.

 

Te atrapa sin cadenas, solo con el roce de su aliento,

te seduce sin promesas, solo con lo que su cuerpo dice,

te arrastra a su ritmo lento, ardiente, sin retorno.

Y cuando te abraza… el mundo se apaga,

se borra todo, menos el fuego de su piel contra la tuya,

menos el roce de sus caderas, el sabor de su boca,

la forma en que se entrega y te toma al mismo tiempo.

 

Quedas tú, desnudo de miedos y de razones,

entregado al placer que ella despierta y domina,

ardiendo en cada roce, en cada gemido,

en ese fuego lento, voraz y total

que ella, con una sonrisa y un solo movimiento,

eligió encender… para consumirte entero.