Javier Julián Enríquez

En que se resuelve la lógica del alma en el laberinto de un incendio helado

En hielo vivo abraso mi sosiego,
callo la voz que el pecho desvaría,
sombra soñada que mi luz desvía,
pues buscando mi centro, más me ciego;

 

si al apetito opongo el blando ruego,
mi propia fe con mi juicio porfía,
engaña el alma la ilusión de un día,
y al rigor del desengaño me entrego.

 

Del culto antiguo a la constancia muero,
donde el amor juró su falsa lumbre,
y en negra saudade mi herida doro;

 

mas de perderte nace mi costumbre:
soy contra mí mi propio prisionero,
y amo el dolor que viste certidumbre.