Antonio Portillo

La memoria de los objetos Permanecen.

Piedra, madera, metal en penumbra,
resistiendo la erosión tenue de los días.
No hablan, pero guardan
la forma exacta de la mano,
el calor detenido de la mirada
y el peso suspendido de una palabra.
La página doblada en un libro abierto,
la llave que ya no abre ninguna puerta
pero conserva el secreto de la casa.
La taza con una grieta mínima
donde aún descansa el último sorbo de una tarde.
El abrigo recuerda
la curva silenciosa de unos hombros.
La mesa sostiene
el dibujo invisible de los codos,
las conversaciones gastadas por la luz,
las migas de un pan que ya no existe.
El espejo conserva
el ángulo preciso de un rostro
que ya no vuelve al cristal.
Cada objeto aprende
una forma distinta de esperar.
No olvida:
permanece.
Cuando la casa ya no pronuncia nuestros nombres,
cuando ya nadie devuelve calor a la madera,
ellos siguen allí,
inmóviles,
sosteniendo sin esfuerzo
la forma exacta de nuestra ausencia.

 

Antonio Portillo Spinola ©