Era la última página de la agenda,
una letra sin wifi en el corazón,
una causa perdida bajo la venda
que ocultaba su leyenda
por la boca de un buzón.
Era el impás despierto de su letargo,
era un verbo prohibido sin conjugar;
un licor para dioses y, sin embargo,
otro caramelo amargo
engañando al paladar.
Era la cita previa del albedrío,
el hermano gemelo de su mitad,
un meandro en el tramo recto del río
desafiando al desafío
de vivir en libertad.
Era el mejor discurso sin argumento,
era papel mojado sin humedad,
era el dedo cruzado del juramento
que se hace en el momento
que se miente de verdad.
Era el cociente exacto de su talento,
una firma sin rúbrica ni papel,
una canción silbada a favor de viento,
la palmera en el cimiento
de la arena de un vergel.
Era el amor platónico de ninguna,
era un sello pegado con alfiler.
Se dejó la estrategia bajo una duna
del Desierto de la Luna
antes del amanecer.
Era el polvo que sale bajo la alfombra,
un experto en el arte del desamor.
Era el peor ejemplo para su sombra,
la palabra que se nombra
cuando se habla sin temor.
Dicen que ahora ronda por las cantinas
apoyado en las barras del litoral
sin dinero efectivo ni disciplina,
ni carné que le defina
como Fulano de tal.