Al más noble animal
tenía que mencionar,
porque nunca
hizo nada mal.
Siempre fue
un apoyo
y parte de nuestro
sustento.
Con tus fuertes
patas nos llevas
donde se te indique,
sin pedir nada
a cambio.
Con tus grandes
ojos nos haces gigantes
al dejarnos subir a tu lomo.
En tu gran corazón
habita el alma
más pura
de toda nación.
Su alma es una estrella
que apagaría el nido de
sombras del hombre,
y que a nuestro lado
siempre hayas estado
no es cosa nuestra:
es más que eso.
Doblegando tu bravo
carácter hasta que
te dejaste domar,
porque alguien tenía
que ayudar al ser
humano.
Con el perro
ya tuvo el primer
acierto,
pues Dios en su
sabiduría sabía
que la humanidad
sola no podría.