Noa Subin

Reliquias del poema

Reliquias del poema

 En cajas de ébano, guardadas en rincones olvidados,

yacen las reliquias que el verso ha dejado.

Primera hoja borrada, con trazos difuminados,

donde nació la idea, aún tibia y temblorosa y creada.

 El borrón que fue puente entre lo dicho y lo callado,

la raya que marcó el ritmo que el alma buscaba.

El punto final que un día el poeta halló y colocó,

la coma que suspiró entre dos verdades abrazadas.

 Allí reposan las palabras que no llegaron al verso,

guardadas como pétalos secos en un libro viejo.

Las sílabas que se quebraron en el camino del esfuerzo,

las rimas que se escaparon como agua por un riego.

 El eco de la voz que las pronunció en secreto,

grabado en un papel que el tiempo ha amarilleado.

El aroma de la tinta que un día se derramó y fuecreto,

la huella del dedo que el verso ha acariciado.

 Hay hilos de silencio tejidos entre las líneas,

reliquias invisibles que solo el corazón ve.

Hay sombras de emociones que los versos encierran y definen,

huellas de los sueños que la poesía llevó y dejó de ser.

 El suspiro que se congeló en medio de un estrofa,

la sonrisa que iluminó una estrofa oscura.

El latido del corazón que marcó la pausa,

la mirada del poeta que el papel guarda y cura.

 Y en el centro sagrado, envuelto en terciopelo negro,

yace el germen original de todo el poema.

Un solo pensamiento, pequeño como un grano y mecro,

que creció hasta llenar el universo que el verso encierra y se encroma.

 Xnxx qoʻLa primera inspiración que tocó la puerta del alma,

el primer gesto de la mano que se dispuso a escribir.

Es la reliquia más preciada, más allá de todo calma,

la semilla que hizo florecer la palabra y su vivir.

Estas son las reliquias que el poema guarda en su seno,

tesoros que no brillan, pero que tienen valor sagrado.

No son de oro ni plata, sino de sentimiento y de lienzo,

son el alma misma del verso, eternamente guardado.

Noah Subin