MIGUEL CARLOS VILLAR

Pastoral incompleta

Pastoral incompleta

 

 

Al borde de una cosecha fallida,

una amapola contempla el paisaje

bajo un atardecer de lágrimas.

Una nube solitaria amenaza

con ocultar el sol que,

fatigado,

se derrite tras la colina.

Mientras tanto, las aves,

de camino a sus nidos,

salpican con sus alas el azul cobalto

de un cielo que ya da la bienvenida

a las primeras estrellas.

 

Las cigarras bajan dos octavas

para ceder su canto a grillos y ranas,

mensajeros de la noche.

En el crepúsculo,

búhos y chotacabras aclaran la garganta,

afinando un concierto arcaico

que pronto envolverá los campos

con su música invisible.

 

El poeta,

incapaz de abarcar tanta belleza,

suelta la pluma y,

recostado en la encina milenaria,

cierra los ojos:

deja que la imaginación

esboce su magnum opus,

mientras la noche se adueña del paisaje.