mauro marte

LA CONDENA

 

¿Esto es lo que pedías? ¿Este silencio que no termina? 

Mírame, Señor de los Mundos, soy tu reflejo maldito. 

Me diste la forma del río, pero me congelaste en piedra, 

y ahora soy un cauce eterno donde el agua ya no corre.

 

No hay sed aquí, solo la memoria de haber tenido sed. 

No hay hambre, solo el eco de un vientre que se extinguió. 

Soy una vasija de cristal, irrompible y transparente, 

condenada a guardar por siempre el vacío absoluto.

 

¡Ojalá pudiera morir! ¡Ojalá el tiempo me comiera! 

Anhelo la pudrición de la rosa, la ceniza de la hoguera. 

Pero estoy atrapado en esta columna de mármol frío, 

un monumento a la nada que se extiende sin horizonte.

 

Mi angustia no es el dolor, es la falta de dolor.

Mi infierno no es el fuego, es este hielo que no quema.

Soy el alma vacía que busca desesperadamente un límite,

y solo encuentra, una y otra vez, la misma,

insoportable eternidad.