Quizás sea este el último verso que le escriba
porque ya siento acercarse, de mi vida, el fin.
Tal vez me inspire su belleza regia y altiva
y sienta por última vez su olor en mi jardín.
No sé si sus ojos descubran algún día estos versos,
que brotan delirantes buscando su calor.
Tan solo sé que ella era mi bello universo
y la mujer que tuvo entre sus manos este amor.
Me llevaré el recuerdo hermoso de su dulce sonrisa,
aquella que, al alba presurosa, conquistó mi corazón.
Entonces retornaré una tarde en la fresca brisa,
para acariciar su rostro, lleno de pasión.
Mi amor perdurará en el tiempo sin hacerse viejo,
plasmado en los versos que quizás ella nunca leyó.
Quizás algún enamorado los recoja y con amor risueño
los haga vida en otro ardiente corazón.
Y cuando ya mi cuerpo baje a la tierra húmeda y fría
y ella contemple el cielo lleno de esplendor,
recordará con dolor las veces que la quería
y le hacía saber lo grande de este amor.
Tal vez esta sea la última de todas las poesías
que brote con delirio de mi mente enamorada.
Ojalá que alguien frente a mi tumba fría,
se la cante con amor a mi eterna mujer amada.