Me quisiste negro,
pero yo era blanco.
Me deseaste alto
con talle espigado,
pero yo era bajo
y no era gallardo.
Con el fuego de mis alas
quemé tus campos dorados
llenos de amapolas rojas
y sueños recién sembrados,
y le abrí una herida al aire
por donde escapo gritando
el amor que yo guardaba
por tanto tiempo callado
Y en mis ojos no hubo lluvia
para apagar ese fuego
voraz, que todo consume
por los tiempos de los tiempos.