Un tesoro son los hijos
cuando llega a nuestras manos,
un diamante sin pulirse
y en la vida, como un faro.
Y son faros trascendentes
porque guían nuestros pasos
y son sueños y futuros,
que por ellos anhelamos.
Son la luz que nos motiva
a ir luchando sin descanso
sin que importen los caminos
duros, toscos o quebrados.
Y son brisas con frescuras
que se arrullan en los brazos,
unos pétalos de rosas
y los mirlos con su canto.
Son la fuente cristalina
que se funde con un lago
de caricias y ternuras
y de amor, los emisarios.
Son la dicha de la vida,
pues la vida es un regalo
que nos da muchas dulzuras
con los frutos cosechados…