No fue la distancia.
Fue el espacio
ensayando una forma
de olvidarse.
Tus pechos
perdieron el idioma
de mis manos.
Mi boca,
de nombrarte,
se volvió un animal
que bebía silencio.
Desde entonces
la sombra
es el único cuerpo
que todavía nos reconoce.
Entre tu respiración
y la mía
ha crecido una noche
tan exacta,
que a veces
la ausencia
se inclina sobre nosotros
para comprobar
si aún existimos.
Daniel Omar Cignacco © 2026