No sé hacia dónde debo ir ni que camino elegir, a que tipo de vida aspirar o quien tengo que ser ahora;
pues bien, nada sé ni nada puedo saber nunca,
ignoro lo pasado al igual que lo futuro, sólo vivo en el presente, que es nada al igual que yo,
somos la suma de todas las nadas del universo,
mi mente toma la forma de todo lo que observa,
mi cuerpo habla un lenguaje antes de que exista la palabra,
todas las cosas tienen su propio lenguaje,
su extraña forma de hacerse presente en la vida a través de un no-lenguaje.
Mi deseo es escapar de mí mismo, mi sueño liberárme del sueño y del soñador.
Ahora el universo sigue arriba, siempre fiel e indiferente al quehacer humano, siempre guíando la luz de los astros como trozos de esperanza, trascendentes y vanas.
Y al abrir mi puerta veo todo este collage pintoresco, toda esta galaxia indefinida,
y muevo las manos hacia el más allá, hacia el cielo azul que se abre en el horizonte, en el horizonte inmortal de mi infancia, ese paraíso inconsciente.
Sonrío hacia afuera y el recuerdo se guarda en mi interior, sonrío con una inocencia angelical, como si vivir fuera dejar de mentirse, como si viviera a través de mi corazón,
sé la verdad y soy feliz,
yo no pienso con los sentidos, sólo escucho con el alma,
porque pensar es vivir una falsa existencia,
y la única real es ver a través de los sentimientos.
Ahora soy un cadáver vivo, y estar vivo lo es todo...