Elsincabeza

Un mundial distinto

No voy a mentir, perder una final siempre duele un poco. Pero, sinceramente, esta vez el sentimiento que me queda está muchísimo más cerca de la felicidad que de la tristeza.

 

Porque esta Selección me volvió a recordar por qué amo el fútbol. No por un resultado, sino por la forma en la que un grupo entero representa un país.

 

Y sí, perdimos contra España. Nos tocó un partido donde las cosas no salieron como esperábamos y quizás no mostramos nuestra mejor versión. Pero jamás voy a decir que faltó entrega. Se dejó todo hasta el último minuto, y eso, para mí, vale muchísimo más que cualquier copa.

 

Además... ¿cómo voy a estar triste si eliminamos a Inglaterra? Perdón, pero para un argentino eso siempre tiene un gustito especial. Es como volver a ganar las Malvinas en una cancha de fútbol. Una alegría que va mucho más allá del deporte y que voy a recordar con una sonrisa enorme.

 

Y después están ellos. Porque las selecciones no las hacen solamente los resultados, las hacen las personas.

 

Qué orgullo volver a ver al Dibu Martínez siendo ese arquero que aparece cuando más se lo necesita. Al Cuti Romero dejando el alma en cada cruce. A Lisandro Martínez jugando con una personalidad inmensa. A Nahuel Molina recorriendo la banda sin cansarse nunca. A Nicolás Tagliafico peleando cada pelota como si fuera la última.

 

En el medio, Rodrigo De Paul volvió a demostrar que tiene un motor que no se apaga jamás; Enzo Fernández manejó el juego con una tranquilidad admirable; Alexis Mac Allister fue ese equilibrio silencioso que tantas veces sostiene al equipo; Exequiel Palacios siempre respondió cuando le tocó entrar.

 

Y arriba... qué decir. Julián Álvarez corriendo hasta cuando parecía imposible, Lautaro Martínez apareciendo en los momentos importantes del torneo, Thiago Almada mostrando que el futuro ya llegó, y Lionel Messi... bueno, Messi. No hace falta explicar demasiado. Cada Mundial que lo vemos con la camiseta argentina es un regalo que algún día vamos a extrañar muchísimo.

 

Pero este Mundial también me regaló algo que vale tanto como cualquier medalla: los momentos.

 

Ver casi todos los partidos con el Ale fue una de esas cosas simples que después terminan siendo recuerdos para toda la vida. Cada previa, cada grito, cada puteada al televisor y cada abrazo hicieron que este Mundial fuera todavía más especial.

 

Y la final... verla con mis dos mejores amigos, Alejo y Osuna, fue el cierre perfecto. Incluso después de perder, salir los tres al Monumento a festejar, cantar igual, abrazarnos igual y sentir el orgullo de ser argentinos me confirmó algo que muchas veces olvidamos: el fútbol nunca fue solamente ganar.

 

Este Mundial me dejó una Selección que me representa, jugadores que defendieron esta camiseta con el corazón, amigos con los que compartí cada emoción y un montón de recuerdos que no me los saca absolutamente nadie.

 

Gracias, Selección. Gracias, Dibu. Gracias, Cuti. Gracias, Licha. Gracias, Molina. Gracias, Tagliafico. Gracias, De Paul. Gracias, Enzo. Gracias, Alexis. Gracias, Palacios. Gracias, Julián. Gracias, Lautaro. Gracias, Thiago. Y gracias, Messi, por seguir haciéndonos creer.

 

Porque las finales se pueden perder.

 

Pero el orgullo de ser argentino, de tener esta camiseta y de haber vivido este Mundial con las personas que quiero... eso no lo pierde nadie.