¡Culpable!
En mi propio tribunal, culpable soy,
culpable por no pedir perdón lo suficiente,
aunque quisiera.
Entre la hojarasca y el incendio vivo en llamas,
no te acerques, que mis manos torpes siempre queman.
Yo y el elefante somos uno:
ante la huida, lastimamos.
Quisiera ser ave,
para ver este mundo desde lejos.
Si alguna vez juzgas mi camino,
Invítame a mi juicio,
para que ver con tus ojos mis errores.
(W.R)