El alma y su sombra
Como el músico que lleva el sonido en el alma,
y la melodía que espera nacer en la lira;
él guarda en su pecho el eco de la calma,
ella busca su forma en el silencio de la vira.
Él es el viento que sopla por valles y cumbres,
ella es el susurro que dibuja en el aire;
él lleva la emoción que el corazón acuña y nombra,
ella es la huella que el tiempo va a encontrar y atesorar.
Como el pintor que ve colores en la oscuridad,
y el lienzo blanco que espera su mano;
él lleva en la mirada la luz de la verdad,
ella ofrece el espacio donde el mundo puede darse a conocer y amanecer.
Él es el sueño que late en la mente despierta,
ella es el papel donde el sueño se escribe;
él es la llama que arde en la noche inertes,
ella es el vaso que guarda el fuego y lo describe.
Como el jardinero que siembra semillas en la tierra,
y la flor que brota con su aliento y su calor;
él conoce el tiempo de cada estación y su herencia,
ella muestra su belleza como un regalo de amor.
Él es la raíz que busca lo profundo y lo oculto,
ella es la copa que alza su faz al sol;
él es el esfuerzo que el destino ha vuelto culto,
ella es la recompensa que el cielo ha dado y ha colgado en el rol.
Como el arquitecto que diseña mundos invisibles,
y la piedra que espera su mano experta;
él lleva en el corazón los planos imposibles,
ella es el espacio donde esos mundos pueden ser puestos y sentidos como ciertos.
Él es el pensamiento que navega sin rumbo fijo,
ella es el puerto donde el pensamiento puede atracar;
él es el río que busca el mar sin descanso ni rencor ni rijo,
ella es el mar que guarda su cauce y su verdad.
Así son el poeta y su poema unidos,
alma y sombra, viento y palabra, un solo lazo.
Ninguno existe completo sin el otro a su lado,
son fuego y ceniza, camino y meta, el eco que nunca se desvanece ni se olvida.
Noah Subin