Sí, politizo este desastre con toda la razón,
porque aunque la naturaleza dio el primer golpe,
fue su maldito gobierno con su andar torpe
el que desde hace rato destruyó a mi nación.
Fueron esas mismas construcciones de cartón,
donde alojaron a mis paisanos de la vaguada del noventa y nueve,
las primeras que cayeron cuando el suelo se mueve,
convirtiendo el refugio en una fría prisión.
Sus bases eran débiles, puro engaño y codicia,
había que ahorrar dinero, recortar el cemento,
mientras se robaban el presupuesto del momento
escondiendo el peligro detrás de la malicia.
Claro, el ministro un viaje al extranjero ya planificó,
con los bolsillos llenos de lo que allí se ahorró,
sin importarle un bledo cuán débil sería la estructura,
dejando a mi gente expuesta a su propia sepultura.
Se roban las ayudas en la entrada,
cierran los accesos a mi herida tierra,
mientras los segundos corren como en guerra
y la esperanza se queda estancada.
Cada maldito segundo cuenta ahora,
para rescatar la inocencia de aquel bebé
que entre los escombros respira con fe,
mientras su aliento final se le agota la hora.
¿Qué te pasa, Guardia Nacional, policía?
¿En qué momento perdiste la humanidad?
¿Por qué te ciega tanta crueldad,
mientras mi costa se hunde en la agonía?
¡Maldito, agarra una pala de una vez!
Suelta ese frío fusil que nada siente,
rescata la vida que aún está presente
ante los ojos de un pueblo que es juez.
Mi tierra está débil, no puede aguantar,
muchos hermanos la vida van perdiendo
en ese laberinto de piedra muriendo...
escombros que el alma nos quieren robar.
Han pasado veinticinco días de agonía,
muchos bajo los escombros ya perecieron;
sus familiares afuera, en la noche fría,
con el alma rota, toda fe perdieron,
mientras la negligencia el aliento les consumía.
Desde mi tierra lanzo un grito de guerra,
un lamento herido que el pecho me desgarra,
y me disculpo con los que atrapó la tierra
por no haberlos podido sacar a tiempo de esa garra...
que la paz los acompañe en lo que el cielo encierra.
Que Dios les dé la fuerza para esto superar,
a los que se quedaron con los brazos vacíos;
gracias, mundo entero, por venir a casa a ayudar,
y gracias, Venezuela, que entre los días sombríos
y sin tener gobierno, nunca dejaste de faltar.