Y al final comprendí por qué fui creando un lugar donde había flores de tantos colores, tamaños, aromas y esencias. Padecía del efecto de Claude Monet; no el de crear un hermoso jardín, sino el de querer capturar la belleza para plasmarla. Pero las nubes en los ojos hicieron que arruinara la belleza de un cuadro que parecía perfecto. Al final, la mirada que tanto las admiraba se cansó. Las nubes se despejaron, el tiempo se acabó, pero las flores, cada primavera, vuelven a florecer.