Voy a ponerte en negrita
tu nombre como una diva
y tu belleza infinita
la escribiré con cursiva.
En mayúsculas pondré
un te quiero que no quepa
en formato DIN A3,
¡que todo el mundo lo sepa!
Por último, en subrayado,
recalcaré muy despacio
el beso que no me has dado
manteniendo el doble espacio
(el que deje en el papel
dividiendo la grafía
y el que separa la piel
entre tu boca y la mía).
Merecerá su picante,
acabando el panegírico,
que resalte tu sonrisa
con un cierto tono lírico:
cómo será de brillante,
que hasta la Luna se irisa
desde creciente a menguante.
Aunque, pensándolo bien,
no sé si te llegaría.
Me pregunto si ese Quien
exisistirá algún día.
Menuda gilipollez
dedicarte una poesía
si no la vas a leer...
Hay que ver, qué tontería.